30

Sep

2026

Artículo de opinión

Cultivar vocaciones científicas desde la escuela

Las ferias escolares son experiencias muy significativas en la educación de los estudiantes, para la formación científica escolar resulta relevante la Feria Nacional de Ciencia y Tecnología Eureka del Minedu y Concytec, cuya final regional será el 23 de setiembre.

Por Moisés Pariahuache. 30 septiembre, 2026. diario El Tiempo, el domingo 27 de setiembre

Este concurso incentiva el desarrollo de competencias esenciales de indagación y diseño de soluciones tecnológicas. Su impacto incrementaría con el cultivo transversal de virtudes intelectuales que habitúen a los estudiantes a buscar el saber de forma rigurosa y responsable.

El asombro y la curiosidad por comprender el mundo es inherente a la naturaleza humana. Una persona desde sus primeros encuentros conscientes con el entorno físico hace preguntas, hipotetiza y explora, pronto se da cuenta de que todo lo existente tiene una causa.

Luego, en la escolaridad, aprende el método científico: observa, plantea hipótesis, experimenta, hace medidas y contrasta; y aunque esa secuencia no sea la única para construir saberes es una herramienta útil para captar explicaciones causales.

Hacer ciencia implica construir conocimiento a partir de un método riguroso. “La validez del saber en las ciencias naturales reposa en el método científico, este funciona como la marca de origen de un producto” (Santaolalla, 2017).

Valoramos la calidad de una obra por su procedencia verificable. De igual modo, juzgamos una afirmación científica por su rigurosa contrastación; tiene que ser demostrable y replicable. Sin embargo, aprender a investigar no garantiza por sí mismo un buen ejercicio de la ciencia. También es necesario formar disposiciones personales que orienten la búsqueda y el uso responsable del conocimiento.

La competencia científica se enriquece con la virtud intelectual, entendida estas como excelencias personales adquiridas que configuran a la persona como buen pensador orientado a buscar la verdad.

Esta exige una motivación auténtica por aprender, habilidad operativa, prudencia y capacidad de disfrute. Se concreta en hábitos como: la honestidad al reportar resultados, la perseverancia ante el error y las dificultades del camino; además, supone la firme intención de captar la verdad del fenómeno y comunicarla. Los hábitos intelectuales fortalecen la forma de pensar y son transferibles a distintos campos de la realidad.

Los resultados de la ENLA 2025 muestran proporciones muy bajas de estudiantes que logran resultados satisfactorios en ciencia y tecnología en segundo y quinto grado de secundaria: 13.5% y el 8.3%, respectivamente. Esto reclama acciones concretas para los gestores del servicio educativo, para incrementar la habilidad científica y dotarle de sentido.

Ayudaría la implementación de laboratorios para perfeccionar vocaciones científicas desde las escuelas; el fortalecimiento de capacidades pedagógicas para la enseñanza de las ciencias; la cultura institucional que inspire seguridad emocional y confianza; las alianzas con universidades; la popularización de la cultura de aprecio a la ciencia; la toma de decisiones informadas con evidencia y la vivencia de hábitos intelectuales en la práctica educativa.

La ciencia es un ámbito muy apasionante para muchos escolares y un medio para el progreso social. Invertir en el desarrollo de capacidades es ganar-ganar. A nivel social, se lograría un mayor potencial transformador al usar la ciencia para crear tecnología; y en el ámbito personal, se consolida un pensamiento riguroso que permite construir prosperidad, ejercer una ciudadanía libre y realizarse en aquello que apasiona.

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